/* publisuites */ V Jornadas de coordinación de las redes de seguimiento de praderas de Posidonia oceanica en el Mediterráneo español

18 octubre 2011

V Jornadas de coordinación de las redes de seguimiento de praderas de Posidonia oceanica en el Mediterráneo español




Los próximos días 19 y 20 de octubre se celebrará en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) de Cartagena, las V Jornadas de coordinación de redes de seguimiento de praderas de Posidonia oceanica, organizadas conjuntamente por el Institut d’Ecología Litoral y el Centro Oceanográfico de Murcia del Instituto Español de Oceanografía (IEO), y financiadas dentro de la actual convocatoria de proyectos de la Fundación Biodiversidad.

Durante las jornadas se expondrán los resultados de las series temporales obtenidas por las redes de Posidonia de las Comunidades Autónomas de Cataluña, Valencia, Baleares, Murcia y Andalucía, y se analizará su potencial como herramienta para evaluar el estado y evolución del ecosistema marino Mediterráneo.

A las jornadas asistirán responsables políticos y científicos de las diferentes CCAA, así como representantes de la Fundación Biodiversidad, Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, ONG y otras instituciones públicas y privadas.

Clave en la salud del Mediterráneo

Actualmente, existen pocas dudas sobre el papel clave de las praderas de Posidonia oceanica (angiospermas marinas en general) en el funcionamiento de los ecosistemas marinos costeros.

“La importancia ecológica de las praderas de Posidonia oceanica se basa en la multitud de servicios y funciones que aportan al ecosistema marino costero”, explica Juan Manuel Ruíz, investigador del Centro Oceanográfico de Murcia del IEO.

“Son responsables de la transparencia y oxigenación de las aguas costeras, protegen las playas frente la erosión, sustentan una gran biodiversidad y representan los sumideros de carbono más importantes del ecosistema mediterráneo con lo que juegan un papel crucial en la respuesta y adaptación de dicho ecosistema al cambio climático”, añade Ruiz.

Esta es la razón por la que durante las últimas décadas, científicos y gestores han volcado considerable esfuerzo en el estudio de la distribución, funcionamiento y dinámica poblacional de estos hábitats, aunque este conocimiento todavía dista de ser suficiente.

Un ecosistema amenazado

Estudios a escala global estiman que sobre el 29% de la superficie conocida de praderas de angiospermas marinas del planeta ha desaparecido, principalmente por la acción del hombre, habiéndose acelerado la tasa de pérdida desde la década de los 90.

Al igual que en otras zonas del Levante español, Ruiz estima que en la Región de Murcia han desaparecido entre el 15 y el 20% de la superficie total de praderas de Posidonia oceanica existentes a principios de los años 50, justo antes del inicio de la minería industrial, cuyos estériles acabaron sepultando los fondos marinos en los que dominaban estos ecosistemas. Posteriormente la pesca de arrastre y, en menor medida, las infraestructuras portuarias, los dragados, la acuicultura y el fondeo de embarcaciones, han contribuido a la regresión de las praderas de Posidonia oceanica en la región murciana.

Seguimiento y protección

Las praderas de angiospermas marinas han definido numerosos Lugares de interés Comunitario (LICs) en las costas mediterráneas españolas, aunque todavía hay numerosas regiones en las que se desconoce su distribución y estado de conservación. Estas lagunas de conocimiento básico dificultan la aplicación de evaluaciones globales dirigidas a la aplicación de modelos de gestión basados en aproximaciones ecosistémicas, como por ejemplo, la Directiva Marco de la Estrategia Marina.

Las redes de control y seguimiento de Posidonia oceanica se han ido implantando en las diferentes Comunidades Autónomas del litoral mediterráneo español, representando actualmente una de las pocas series temporales de un hábitat marino costero con gran potencial de servir de herramienta eficaz para evaluar el estado actual del ecosistema marino costero mediterráneo, su evolución futura ante cambios locales y/o globales y la respuesta del ecosistema a las políticas de gestión y conservación.